lunes, 24 de septiembre de 2007

La Letra de Nuestro Himno Nacional

Recientemente, se ha desatado una polémica con relación a la propuesta formulada por el Ingeniero Juan Milla, sobre la necesidad de cambiar la letra del coro y de la primera estrofa de nuestro himno nacional, declarado como tal por el Presidente Alberto Membreño, según Decreto No. 42 del 13 de noviembre de 1915.

De acuerdo con lo leído y escuchado en los medios de comunicación, el objetivo de tal propuesta, apunta a elevar la motivación y la identidad nacional de las actuales y futuras generaciones. Según las mismas noticias, la Escuela Nacional de Música se habría pronunciado a favor del cambio de letra, ya que la música continuaría siendo la misma creada por don Carlos Hartling, de origen alemán.

Un tema de tanta trascendencia, obviamente ha desatado una serie de opiniones encontradas, mismas que han sido exacerbadas por múltiples “encuestas” vía los medios actuales de mensajito y llamadas telefónicas. Según he podido ver y escuchar, la mayor parte de los encuestados se inclinan por mantener nuestro himno tal y como lo hemos venido aprendiendo desde hace poco menos de un siglo.

Personalmente, la propuesta del Ingeniero Milla me llevó a reflexionar sobre algunos aspectos, que a continuación detallo:

a) Generalmente, cuando suceden acontecimientos, crisis o situaciones difíciles de muy diversa índole, la tendencia mediática apunta a describir la solución como la necesidad de una ley, que una vez se emita, va a resolver o prevenir que el problema vuelva a producirse.

b) Cuando después de un tiempo, al fin vemos la ley emitida, resulta que la misma no resuelve nada, pues no hay quien la controle y/o administre adecuadamente y casi por regla, nos vamos a denunciar y exigir la reforma de la ley, la necesidad de una nueva o la creación de un reglamento que mágicamente resolverá todo. En este ciclo, nos la pasamos de leyes en leyes, que al final sólo son papeles y más papeles. Ejemplos recientes la Ley de Tránsito, la Ley de Transparencia, la Ley de Derechos de Autor.

c) Por analogía, en el caso que nos ocupa, de antemano se asume que el cambio de letra “per se” nos va a volver mejores hondureños, más querendones de nuestra patria y de sus recursos, individuos con un elevado sentido de identidad nacional y además nos va a motivar, es decir nos tocará las fibras más sensibles de nuestro ser para ser más trabajadores, más productivos, menos corruptos y menos violentos. Según parece, el nuevo canto cual invocación “mágica”, nos ayudará a resolver los graves problemas nacionales que nos agobian cada día.

d) Además está el problema del plagio y de los derechos de autor que la versión propuesta conlleva, ya que utiliza partes de la letra del poeta Augusto C. Coello, que se mezcla con nuevos versos escritos por el Ingeniero Milla.

e) Todo esto, sin contar con la confusión que por un buen tiempo se generaría entre los que aprendimos el himno de un modo y los que estén aprendiendo la nueva versión. Ya me imagino un estadio con 35,000 almas tratando de ponerse de acuerdo en qué cantar.

Todo lo anterior, me lleva a concluir que el objetivo de lograr mejores hondureños, ciudadanos más concientes y más trabajadores, identificados y motivados, difícilmente se logrará con el mero cambio de letra en nuestro himno nacional.

El cambio de actitud de un individuo resulta mucho más complejo, ya que requiere de una labor titánica por parte de los padres para inculcar principios de “hondureñidad” desde niños, asunto ya de por si difícil, pues muchos de ellos no creen en la misma. De maestros abnegados y creyentes de esa identidad nacional y además con capacidad para transmitirla, otro tema difícil. De medios de comunicación que exalten dichos principios día a día y dejen de bombardearnos con identidades foráneas que muy poco bien le hacen a nuestros hijos. De gobiernos que con su ejemplo, se muestren realmente preocupados de forjar una nueva clase de hombre y ciudadano. En fin, hay mucha labor de fondo por hacer y la buena intención adscrita al nuevo himno nacional propuesto, no me parece suficiente.

Mejor, reaprendamos a cantar el tradicional “Canto a la Bandera” de Augusto C. Coello, pero hagámoslo con una verdadera convicción de hondureños. Con reflexión en su contenido, que exalta a la bandera como símbolo excelso de un país digno de mejor suerte y que puede tenerla, en la medida en que sus hijos, cambiemos nuestra actitud y tratemos de ser mejores ciudadanos cada día.

Victor E. Donaire M.
Cantautor hondureño
24/09/07